Los elevados niveles de inseguridad que, desde hace años, padece El Salvador dificultan la consecución del desarrollo humano y la consolidación de la gobernabilidad democrática. Las altas tasas de homicidio y de otros delitos como los robos, hurtos, extorsiones o violencia contra la mujer, la niñez y la adolescencia, y la percepción de inseguridad de gran parte de la población afectan negativamente la vida cotidiana y la calidad de vida de las personas.